Alvarado, Ver. — La derrota de Polo en las recientes elecciones no fue una sorpresa para muchos dentro de Morena. Desde hace meses, voces al interior del movimiento venían advirtiendo sobre una decisión que terminó costándole caro: incorporar a su equipo a Hugo, un personaje con un historial que contradice completamente los principios del partido.
Hugo no solo formó parte del gobierno priista en Veracruz, sino que hasta inicios del año pasado todavía operaba dentro de la administración municipal del PAN. Un perfil reciclado de la vieja política que, lejos de sumar, terminó dividiendo y generando rechazo.
Durante la campaña, fue señalado por su actitud agresiva y prepotente contra fundadoras del movimiento de Morena en Alvarado, a quienes empujaba, ignoraba y hasta desplazaba en eventos públicos. Una de las principales afectadas fue Karen, una militante histórica que sufrió directamente las humillaciones de este operador.
Ante estos hechos, la militancia fundadora le retiró el respaldo a Polo, no por capricho, sino por dignidad. Porque no se puede construir la transformación abrazando a quienes representan todo lo que Morena lucha por erradicar: el oportunismo, el autoritarismo y la traición.
Hoy más que nunca queda claro que traicionar a la base tiene consecuencias, y que los verdaderos morenistas no se dejan engañar por rostros disfrazados de aliados. La derrota de Polo no fue un accidente; fue el resultado de ignorar la historia, el respeto y los principios del movimiento.
