La historia de un pequeño originario de Yucatán ha conmovido profundamente a la comunidad. Se trata de Eduardo, aunque todos lo conocen simplemente como Lalo, un niño que cada día sale a las calles con una misión que habla de amor, responsabilidad y compañerismo.

Con una cubeta de palomitas en la mano y su perrito en brazos —a quien lleva en una pechera, como si fuera parte de él— Lalo recorre las calles para apoyar a su mamá y, sobre todo, para ganar unos pesos y comprarle comida a su fiel amigo de cuatro patas.

Sin hermanos y con pocos amigos cercanos, su perrito se ha convertido en su compañero inseparable, un lazo que para él lo es todo. Y por ese lazo trabaja con dedicación todos los días.

Vecinos y transeúntes ya lo reconocen como una figura constante en la zona: siempre sonriente, siempre cargando a su mascota, siempre intentando vender un poco más para que a su mejor amigo no le falte nada.

La historia de Lalo no solo evidencia la realidad que viven muchos niños en México, sino también el enorme corazón y voluntad que puede habitar en alguien tan pequeño.

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