Lo ocurrido durante la aprobación del Presupuesto estatal no fue un simple roce parlamentario. Fue el estallido de una rebelión interna dentro de la bancada de Morena contra su coordinador y presidente de la Jucopo, Esteban Bautista, a quien acusan de autoritarismo, opacidad y manejo faccioso de los recursos públicos.
El reclamo fue directo. Diputados lo enfrentaron por la asignación discrecional de comisiones, el desprecio al trabajo legislativo y la reducción de la bancada a simples levantadedos. La tensión escaló cuando Bautista respondió con prepotencia, intentando callar a los inconformes.
Pero el fondo del conflicto es el dinero. Legisladores denunciaron que, pese a contar con más de 70 millones de pesos adicionales respecto a la legislatura pasada, se aprobó una ampliación presupuestal superior a 42 millones de pesos, sin claridad sobre su destino ni beneficios visibles para los distritos.
La pregunta que recorrió el salón fue una sola: ¿en dónde está el dinero?
El señalamiento más grave fue la exigencia de que la tesorería y la secretaría del Congreso expliquen el ejercicio de más de 800 millones de pesos en un solo año. Una cifra que, advirtieron, no puede desaparecer sin responsables. Incluso hubo diputados que ofrecieron devolver los apoyos económicos, calificándolos como una simulación ofensiva.
La inconformidad creció cuando se acusó al coordinador de proteger a grupos políticos adversarios a Morena, mientras castiga a los propios, predicando austeridad pero viviendo con lujos y prácticas del viejo régimen. El episodio terminó con Bautista abandonando la reunión entre reclamos y amenazas veladas.
Hoy el Congreso muestra una crisis de liderazgo y una bancada fracturada, donde la exigencia es clara y contundente:
transparencia, rendición de cuentas y una respuesta urgente a la pregunta que nadie ha podido responder: ¿en dónde está el dinero?
