A 50 días de iniciar la función, los anfitriones México, Estados Unidos y Canadá tienen diferentes tipos de fiebre. No sólo existen abismales diferencias sociales y territoriales, sino también tradiciones que no empatan. El futbol es una de ellas.

Mientras los dos países más al norte tiene una energía desganada, en México se ha tomado con mayor énfasis el precopeo.

Asomándose a la cornisa del Mundial, en México han comenzado la explotación de comerciales, conferencias, eventos y presentaciones con exjugadores en diferentes lados, además de que los gobiernos de las tres ciudades se han metido de lleno en alentar a la gente. En la Ciudad de México, 17 museos se han sumado a la fiesta presentando 19 exposiciones temáticas. En Guadalajara hay un festival de luz por la Copa y en Monterrey todas las avenidas principales tienen señales bilingües oficiales de la FIFA.

Según estadísticas de Leger, encuestadora de Estados Unidos y de la mexicana Brain Research, el 86 por ciento de los habitantes de México comprende que tienen un Mundial en puerta, pero en Estados Unidos sólo lo sabe el 44 por ciento. Habría un avance. En vísperas de 1994, a seis meses de aquel, su primer Mundial, la gente de Estados Unidos en un 80 por ciento, no sabía que tenían la organización del evento.

Es decir, en un ejercicio pasional, México lleva mano. Y esto se debe en gran parte por ser latinos. Según un análisis, el grueso de los aficionados se identifican más con México por el idioma, pero sobre todo por las tradiciones futbolísticas. Por ejemplo, es común que los buenos recuerdos de los argentinos encallen en México donde fueron campeones en 1986, que en Estados Unidos donde Maradona fue expulsado por dopaje.

Un estudio realizado a 1800 personas, según Forbes, en México, Argentina, Colombia, Guatemala, Panamá y Ecuador, arrojó que el 57 por ciento de los latinos verá todo el Mundial. Esto explica también por qué Estados Unidos es el principal país que más ha adquirido boletos: por las grandes comunidades de inmigrantes que tiene.

En realidad, el ciudadano promedio estadounidense prefiere el beisbol. Alan Hernández vive en San Diego y expresa que no ha notado diferencia en el ambiente por el Mundial en la empresa donde trabaja ni en los alrededores. Es decir, la vida sigue normal.

“Debe ser porque la gente es más fanática de los Padres, no hablan nada del Mundial, ni tampoco conozco a alguien que haya comprado boletos para los partidos, pero para la temporada de beisbol, sí. En los diarios o en las conversaciones de sobremesa se expresan más de cómo van los juegos de beisbol”.

Scott Barton, docente de la Universidad de San Diego explica algo similar, “algunas personas tampoco tienen conocimiento por completo de los partidos de futbol, ni de que en su localidad se van a hacer estos eventos, es como si fuera un espectáculo que llega, pero que sabemos se va a ir”.

En Canadá el futbol se mira como un deporte exótico. Adrián de Anda vive en Toronto y se ha compaginado con la rutina de los ciudadanos de esa metrópoli. Pero sabe que no les apasiona el futbol.

“Acá las temperaturas son muy duras y la gente sólo sale a ver cosas que le gusten. El canadiense no tiene amor por el futbol, pero serán tres partidos con su selección y en eso sí son patriotas, entonces es seguro que en ese corto tiempo va a ser una fiesta en Toronto y Vancouver”.

Define la situación de los canadienses de una manera fría, aunque auténtica. “Se juntan varias cosas. No hay mucho qué hacer, incluso en Toronto o Vancouver; vienen grupos de rock de los años 70 y llenan porque no hay gran diversidad de entretenimiento. Tienen poder adquisitivo, entonces pueden gastarlo en tres partidos de futbol y que quede todo como una experiencia exótica”.

Las diferencias entre México, pasión pura y Estados Unidos y Canadá, con mayor poder adquisitivo, son palpables. Como lo pensó la FIFA, México tiene la fe y la experiencia en el juego y será la sede con mejor atmósfera festiva, algo que queda como una victoria moral.

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